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Por Luis Aníbal Medrano Silverio.
ATMÓSFERA DIGITAL, SANTO DOMINGO, (25/03/2026).- La situación de la niñez y la adolescencia en la República Dominicana es
compleja: combina avances importantes en políticas públicas con desafíos
estructurales que aún limitan el desarrollo integral de millones de niños,
niñas y adolescentes. Además, exige un compromiso activo no solo del Estado,
sino también de toda la ciudadanía.
Un panorama general presenta que los niños, niñas y adolescentes
representan alrededor del 31.7 % de la población dominicana, es decir, casi un
tercio del país. Esto significa que cualquier problema que les afecte tiene un
impacto directo en el presente y el futuro nacional.
Detectando las principales problemáticas, observamos que la violencia y
maltrato arroja que más del 63 % de niños entre 1 y 14 años ha sufrido métodos
violentos de disciplina en el hogar. La violencia infantil sigue siendo
estructural y cotidiana, especialmente en el entorno familiar.
Las consecuencias que generan estos lastres se pueden enunciar como los
problemas de salud mental, reproducción de ciclos de violencia, dificultades en
el aprendizaje y desarrollo social.
Unos lamentables elementos como la desigualdad y la pobreza, aunque ha
habido avances, muchos niños siguen viviendo en condiciones de vulnerabilidad
con acceso desigual a educación de calidad, limitaciones en servicios de salud
y nutrición y brechas territoriales (zonas rurales vs. urbanas). Esto genera
exclusión social desde edades tempranas, afectando oportunidades futuras.
Con relación a la educación y oportunidades, es preciso decir que se han
fortalecido programas educativos y de inclusión, pero persisten retos como:
Abandono escolar, baja calidad educativa en algunos sectores y acceso limitado
a tecnología y formación técnica, aunque en estos últimos el gobierno
dominicano está sentando precedente con la masificación de los centros
tecnológicos, centros de Infotep y los politécnicos.
Embarazo adolescente y uniones tempranas es una preocupación del actual
gobierno y se observa el denodado accionar del Despacho de la Primera Dama, Raquel Arbaje, quien preside de manera honorífica el Gabinete de la Niñez y la
Adolescencia (GANA), con el acompañamiento fructífero del Consejo Nacional para
la Niñez y la Adolescencia (Conani), que encabeza la maestra Ligia Pérez Peña.
Esto continúa siendo un problema relevante que limita el desarrollo
educativo y económico de las adolescentes. Sin duda alguna, eso está vinculado
a pobreza, desigualdad y falta de educación sexual.
La falta de protección integral, aunque existen leyes y políticas, su
aplicación aún enfrenta debilidades; independientemente del gran avance
obtenido en los últimos cinco años, persisten brechas en protección contra
abuso, registro oportuno de nacimiento y acceso a justicia.
No todo es negativo; en los últimos años se han logrado avances
importantes. Se han ampliado programas de protección social, mayor enfoque en
la primera infancia, iniciativas para mejorar la educación y digitalización,
mayor producción de datos para diseñar políticas públicas.
A todo eso, el necesario apoyo ciudadano es de capital importancia para
lograr el bienestar de la niñez y la adolescencia, que no es solo
responsabilidad del Estado; también depende de la sociedad
La pregunta obligada es: ¿Por qué es clave la participación ciudadana?
Porque muchos problemas (violencia, abandono, desigualdad) ocurren en el
entorno social y familiar.
Por lo que la ciudadanía debe promover crianza positiva, evitar castigos
físicos y humillantes, fomentar el respeto y la comunicación, denunciar abusos,
no normalizar la violencia infantil, utilizar canales institucionales de
denuncia, apoyar la educación, participar en escuelas y comunidades, incentivar
el estudio y el desarrollo de habilidades.
De igual forma, involucrarse en la comunidad con programas sociales,
voluntariado, creación de espacios seguros para jóvenes, exigir políticas
públicas efectivas, vigilancia ciudadana y participación en debates y
decisiones locales.
En conclusión, la niñez y la adolescencia en la República Dominicana
enfrentan retos estructurales como la violencia, la desigualdad y las
limitaciones educativas, pero también existen oportunidades reales de mejora
El punto clave es este: sin el compromiso ciudadano, ninguna política
pública será suficiente. Proteger a la niñez no es solo una obligación legal o
institucional, sino una responsabilidad ética colectiva que define el futuro
del país.
Nota: El autor es periodista, político, municipalista y
creador de contenido.
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