ATMÓSFERA DIGITAL, SANTO DOMINGO.- La sensación de inseguridad de la ciudadanÃa es generalizada,
el 70.05% de los dominicanos se siente menos seguro que hace cinco años, lo que
se convierte en uno de los principales obstáculos al desarrollo de la
democracia dominicana. Esta es una de las conclusiones del estudio “Imaginar el
futuro: ciudadanÃa y democracia en la cultura polÃtica dominicana”, publicado por
el Instituto de Investigación Social para el Desarrollo (ISD).
Según el estudio, uno de cada cinco hogares reportó haber
sido vÃctima de al menos un delito durante 2016. Casi el 30% de éstos fue
vÃctima de más de una agresión, sin incluir las agresiones cometidas por
miembros del mismo hogar como violencia de género o intrafamiliar.
De acuerdo con la investigación, las tasas de incidencia de
los delitos varÃan considerablemente entre las distintas regiones del paÃs,
siendo la región Metropolitana (Ozama) la más afectada ya que allà la tasa sube
a casi 25% de los hogares. Es decir, uno de cada cuatro hogares reportó haber
sufrido al menos un delito durante 2016.
Carlos Morel, director ejecutivo del ISD, explicó que la
sensación generalizada de inseguridad que viven los dominicanos afecta la
calidad de vida y fortalece las actitudes autoritarias, diluyendo la cohesión
social.
Impacto en los estilos de vida
La inseguridad ha impactado los estilos de vida de los
dominicanos y afecta por igual según grupos de ingreso y sexo. Como
consecuencia de la inseguridad, han cambiado los hábitos de vida de la
población, 70.19% dice que frecuenta bares y lugares de entretenimiento
nocturno menos que antes, 62.17% también disminuyó la utilización de espacios
de ocio público como los parques. Asimismo 72.75% afirma estar menos dispuesto
a ayudar a un desconocido en problemas durante la noche, y más de un tercio de
la población confÃa menos en sus vecinos.
Planes de seguridad ciudadana
El director del ISD expresó preocupación por la respuesta del
gobierno ante el problema de la inseguridad, señalando que la militarización de
las labores de policÃa y la criminalización de la marginalidad no solo han
fracasado como polÃticas de seguridad, sino que agravan el problema.
En primer lugar, agregó, casi la mitad de las personas que
sufrieron un delito en 2016 no denunció los hechos, y la principal razón para
ello es que no creÃan que ello fuera a resolver nada. A esto se suma que casi
el 60% de los que sà hicieron la denuncia reportaron su insatisfacción con la
respuesta de las autoridades.
En segundo lugar, expresó Morel, la tasa de confianza en la
PolicÃa Nacional y el Ejercito Nacional se encuentra por debajo del 30%, lo que
descalifica los órganos estatales de seguridad.
En tercer lugar, la militarización de la seguridad, asà como
la tolerancia de los llamados intercambios de disparos contribuyen a fortalecer
el autoritarismo y a degradar la valoración de los derechos individuales.
“En un paÃs en el que más del 70% favorece un gobierno de
mano dura, menos de la mitad de la población (49%) les da importancia a los
derechos de los imputados y donde una quinta parte de su población apoya las
ejecuciones extrajudiciales (intercambios de disparos) la polÃtica de seguridad
del gobierno resulta irresponsable y contradictoria y termina aumentando el
clima de inseguridad”, refiere Morel.
Para Morel la polÃtica de seguridad del gobierno abre el paso
a la violencia contra los de abajo dado que la más afectada es la población
joven y pobre. En contraste, considera que una polÃtica de seguridad ciudadana
responsable empieza por abordar la inseguridad como un reflejo de la
desigualdad social y la pobreza.
“La inseguridad ciudadana tiene que ser enfrentada de manera
integral, y requiere polÃticas de acercamiento a la comunidad para generar
confianza”, afirma Morel tras recordar que una de las promesas incumplidas del
gobierno ha sido reformar la PolicÃa Nacional.

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