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Elecciones municipales


Por Danilo Cruz Pichardo.
ATMÓSFERA DIGITAL, SANTO DOMINGO ESTE.- Hay que dar seguimiento a los estudios de opinión que realiza la firma encuestadora Mark Penn/Stagwell, que dirige el doctor Bernardo Vega, por la certeza de sus resultados con relación a varios eventos políticos que se han registrado en el país en los últimos meses. El mejor ejemplo de la calidad de sus investigaciones está en las primarias del PLD, del 6 de octubre de 2019, en la que adelantó un empate técnico.

Una encuesta es el retrato de un momento del acontecimiento estudiado. Y cuando cumple con los requisitos científicos suele tener un margen de error de un 3%. Ese 3% puede ser hacia arriba o hacia abajo. En su más reciente investigación  ---y en lo que toca al municipio Santo Domingo Este---  esa firma otorga al licenciado Manuel Jiménez un 53% y a Luis Alberto Tejeda un 28%.  El error puede estar en que en vez de un 53, Jiménez,  candidato del PRM y aliados, tenga un 56; y que Luis Alberto, candidato del PLD y aliados, en vez de un 28 tenga un 31.

Pero también puede ser lo inverso, es decir, tres puntos hacia abajo. Una observación importante es que las encuestas contabilizan a los abstencionistas y a los indecisos. En el evento electoral sólo se computan votos válidos emitidos, por lo que un 53% podría convertirse en un 58% y hasta en un 60%; y un 28% podría subir a un 33% o a un 35%.

De todas maneras,  estamos hablando de una diferencia de 25 puntos, que es mucho ¡Demasiado! Y para los días que faltan para los comicios extraordinarios no se vislumbra ningún hecho que pueda variar esa tendencia. La variación desfavorable afecta regularmente al que está abajo, por el desánimo que se apodera de militantes que saben que van a perder. Algunos ni acuden a las urnas.

 Y el desánimo es mayor en el propio candidato, el cual desea que pase el evento para salir del lío en que se ha metido, perdiendo deseo de trabajo y, aún más, motivación en la inversión de dinero en un proyecto destinado al fracaso inminente.

Las circunstancias resultan muy desfavorables a los candidatos del oficialismo, los cuales cifran sus esperanzas en los fraudes y en las compras de votos. Sin embargo, las consecuencias derivadas del sabotaje del proceso del 16 de febrero, que se expresan con protestas espontáneas y pacíficas en todo el país, reducen espacio al fraude y a la nociva compra de votos, delito electoral que sólo ha tenido éxito cuando el margen es menor al 8%.

En esta ocasión, sin embargo, la gente de los barrios pobres les cogerá el dinero a los candidatos del oficialismo y terminará sufragando por la oposición. Por primera vez, en muchos años, se observa un despertar en los más necesitados y de menor escolaridad, que tocan cacerolas a los candidatos corruptos. Los mismos candidatos que  acuden a esos lugares cada cuatro años a repetir las mismas promesas.

Además, es extremadamente riesgosa la práctica de compra de cédulas y de votos, porque la mayoría de los candidatos a alcalde de la oposición pondrán un amplio equipo de seguridad en torno a los recintos electorales, para enfrentar e impedir que se violente el Artículo 284 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral, es decir, la 15-19, que trata sobre los delitos electorales.

Particularmente, el licenciado Manuel Jiménez, candidato del municipio más grande del país, ha designado una seguridad de miles de hombres, diseminados en todos los centros de votaciones, con la encomienda de contribuir al orden y al desarrollo de un proceso comicial caracterizado por el civismo y el respeto a las leyes.

Aunque la gente no cree en la Junta Central Electoral, esperamos que con el ejemplo dado por la población, con sus protestas pacíficas que coparon los medios periodísticos en los países de la región y del mundo, en esta oportunidad no haya el menor asomo de irregularidad y que los resultados de las elecciones municipales del 15 de marzo estén en consonancia a la expresión de la voluntad popular.

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