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Por Yoselin Reyes.
ATMÓSFERA DIGITAL, SANTO
DOMINGO, (08/09/2026).- En
política, asumir una posición de poder nunca es el final de una historia. Es,
por el contrario, el comienzo de una etapa en la que cada decisión, cada
silencio y cada resultado terminan construyendo —o debilitando— el liderazgo de
quien la ocupa.
La escogencia
de Juan Garrigó como secretario general del Partido Revolucionario Moderno
(PRM) abre precisamente esa nueva etapa.
Su
llegada a una de las principales posiciones de dirección del partido
oficialista ocurre en un momento en el que el PRM enfrenta un desafío que va
mucho más allá de ganar elecciones: consolidar una organización política capaz
de mantenerse cohesionada, escuchar a sus bases y formar nuevos liderazgos.
Y ahí
estará el verdadero examen de Garrigó.
La
Secretaría General no puede convertirse simplemente en una oficina desde donde
se emitan instrucciones. Debe ser un espacio de articulación política, donde
converjan la dirigencia nacional, las estructuras territoriales y una
militancia que, en muchos casos, reclama mayor participación en las decisiones
partidarias.
El PRM
ha cambiado. Ya no es aquel partido que luchaba por alcanzar el poder. Es una
organización que gobierna y que, por esa misma razón, tiene ante sí
responsabilidades mucho mayores.
Gobernar
exige resultados, pero hacer partido exige organización, disciplina, diálogo y
capacidad para escuchar.
Juan
Garrigó tendrá que demostrar que puede asumir esa tarea.
Uno de
sus principales retos será mantener la cercanía con las bases. Los partidos
políticos suelen correr el riesgo de que, después de alcanzar el poder, sus
estructuras dirigenciales se alejen de quienes estuvieron en las calles, en los
barrios y en las comunidades construyendo el proyecto político.
Si la
nueva Secretaría General logra reducir esa distancia, su gestión habrá dado un
paso importante.
También
será fundamental abrir espacio a las nuevas generaciones. El futuro del PRM no
puede construirse únicamente con los dirigentes que ya tienen trayectoria.
Necesita incorporar jóvenes con preparación, vocación de servicio y capacidad
para asumir responsabilidades.
La
renovación no significa desplazar a quienes han construido el partido.
Significa crear las condiciones para que otros puedan continuar esa
construcción.
Garrigó
tiene, además, el desafío de contribuir a mantener la unidad interna. En toda
organización política existen diferencias, aspiraciones y distintas visiones.
Eso es parte natural de la democracia partidaria. El problema comienza cuando
esas diferencias dejan de ser competencia política y se convierten en
confrontaciones capaces de fracturar la organización.
El
secretario general tendrá que convertirse en un articulador.
Alguien
que escuche antes de decidir.
Que
dialogue antes de confrontar.
Y que
entienda que dirigir un partido no consiste únicamente en administrar
estructuras, sino en administrar expectativas, construir confianza y generar
cohesión.
Su
gestión será observada con especial atención porque el PRM entra en una etapa
en la que deberá preparar sus estructuras para los próximos desafíos
electorales. Y para hacerlo necesita algo más que entusiasmo: necesita
organización.
Por
eso, la llegada de Juan Garrigó debe ser vista como una oportunidad.
Una
oportunidad para fortalecer el partido desde adentro.
Una
oportunidad para acercar la dirección a la militancia.
Una
oportunidad para impulsar nuevos liderazgos.
Y,
sobre todo, una oportunidad para demostrar que el PRM puede evolucionar junto
con las nuevas demandas de la sociedad dominicana.
Al
final, la política tiene una regla sencilla: los cargos se reciben, pero el
liderazgo se construye.
Juan
Garrigó ya tiene la responsabilidad.
Ahora
le corresponde demostrar la capacidad.
Y será
el trabajo realizado durante los próximos años, mucho más que cualquier
discurso, el que determine cómo será recordada su gestión al frente de la
Secretaría General del PRM.
Porque
una elección puede colocar a un dirigente en la primera línea.
Pero
solamente los resultados pueden convertirlo en un verdadero líder.
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