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INJERENCIA Y SOBERANĂ­A

La embajadora del Reino de España ante el gobierno dominicano, MarĂ­a de la Almudena Mazarraza, ha revivido la controversia alrededor de la seguridad jurĂ­dica nacional para las inversiones extranjeras. Sus declaraciones comporta dos elementos que entran en discusiĂ³n. Primero, la vieja disputa en defensa de la soberanĂ­a nacional al considerar como injerencia toda declaraciĂ³n de un dignatario extranjero que se inmiscuye en asuntos internos del Estado receptor, lo que estĂ¡ vedado por la prĂ¡ctica y usos de la diplomacia. Y segundo, el contenido mismo de su opiniĂ³n que reitera una postura que no es sĂ³lo de la representante ibĂ©rica, sino de otros colegas del cuerpo diplomĂ¡tico y de no pocos analistas desapasionados y especialistas en conflictos de intereses: es fragĂ­l la seguridad jurĂ­dica, no hay garantias de constancias en el predominio de los negocios jurĂ­dicos. Con las frecuentes opiniones de funcionarios del gobierno y agencias de los Estados Unidos de AmĂ©rica, que ya no causan tanto escĂ¡ndalo, se ha echado por la borda ese nacionalismo a ultranza, quizĂ¡ por la dependencia econĂ³mica, polĂ­tica, social y hasta cultural del paĂ­s hacia la potencia norteña del TĂ­o Sam. Esos funcionarios, al concluir su misiĂ³n en el paĂ­s, casi siempre se destapan con declaraciones evaluativas y de crĂ­ticas a las debilidades institucionales de que adolece el Estado nacional y los Ă³rganos del gobierno. No hay nada nuevo, pecaminoso ni mentiroso. La inseguridad jurĂ­dica es evidente en tantos contratos que luego son incumplidos o violados, ni decir de otros que son lesivos para el paĂ­s, tambiĂ©n evidencian esa falta de garantĂ­as desde el punto de vista legal. En pocas palabras, la embajadora tiene razĂ³n. PUNTOS Y PICAS: Carlos Manuel Estrella, periĂ³dico La InformaciĂ³n,22-02-2007.

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