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EL METRO DE SANTO DOMINGO, SECTOR ENERGÉTICO Y MEDIO AMBIENTE Por: Ing.Domingo Rodríguez Tatis Ing. Héctor González Vargas Teniendo en cuenta la sapiencia y el saber popular en nuestro país, parecería, de entrada, un atrevimiento de parte de nosotros conceptualizar en aspecto crucial, y en vía contraria, a la declaraciones públicas emitidas en nuestro país por el co-ganador del Premio Nóbel de la Paz 2007, Osvaldo Canziani, junto con Al Gore, por sus aportes relativos al calentamiento global y el cambio climático. Ese eminente personaje dijo llanamente, sin guardar las apariencias, que El Metro de Santo Domingo contribuirá a reducir el calentamiento global. Lo anterior, lo dice el Premio Nóbel que nos ocupa debido a que, según él, El Metro desplazará de su ruta a los vehículos públicos, los cuales emiten dióxido de carbono ( CO2 ), y, como se sabe, este gas es el principal responsable, por su abundancia, del efecto invernadero que causa el calentamiento global, cuyos efectos principales son los cambios climáticos regionales y la elevación del nivel del mar. Pero hay más, dice nuestro personaje que República Dominicana puede reclamar que al amparo del protocolo de Kyoto se reclame unos bonos verdes como pago por las bondades del Metro a nivel global. Esta sugerencia ha sido acogida en nuestro país con una ingenuidad pasmosa que causa sedación mental en la mayoría y euforia en el ámbito gubernamental, y espanto en nosotros. Lo de sedación mental es debido a que aparentemente los conceptos emitidos con relación al Metro y los “bonos verdes” son válidos por la grandeza mental de su emisor, no porque sea real. La euforia gubernamental se manifestó al más alto nivel cuando, sin prudencia ni comedimiento, la principal figura del Poder Ejecutivo repetía frente a una audiencia juvenil las bondades globales del Metro y la justeza de reclamar los “bonos verdes”, acción esta que se trasmitió por canales de televisión. El espanto en nosotros se debe a que los medioambientalitas gubernamentales, al captar la ligereza desafortunada del experto, debieron elevar la observación al más alto nivel, con lo cual los jóvenes no hubieran oído dichas declaraciones, la creyeran y estas, a su vez, se pudieran lamentablemente sostener en el tiempo como válidas. ¡Él es nuestro Presidente, y ellos nuestros potenciales presidentes! Y es que aunque es posible que un tren impulsado por energía eléctrica pudiera no contribuir con el efecto invernadero y el calentamiento global, este no es el caso del Metro de Santo Domingo, ya que éste ciertamente contribuye con dichos fenómenos. Contribuye porque los vehículos, en algunos casos, serán desplazados de la ruta del Metro, no eliminados, por lo cual seguirán contaminando. Pero la energía eléctrica con la cual se mueve ese tren es producida en centrales con combustibles que producen gases de efecto invernadero, al igual que los vehículos. De manera que a nivel local, en la ruta, se reducirá la contaminación en la cuantía de los vehículos públicos desplazados a otras rutas, pero puede ser que al descongestionarse dicha ruta, vehículos que usan rutas alternas se desplacen hacia ella, con lo cual la contaminación puede permanecer igual o subir. A nivel global, sin embargo, contrario a lo se podría pensar a la ligera, el Metro de Santo Domingo contribuye positivamente al aumento de la carga de gases que producen el efecto invernadero. Ahora bien, si este tren hubiera venido provisto con una fuente de energía eléctrica, exclusiva, para impulsarlo que fuera producida por energía solar, eólica, hidráulica e, incluso nuclear, entonces sí se podría afirmar que a nivel global no contribuye con los gases de efecto invernadero. Pero estas alternativas, para este caso, no están hoy ni están contempladas para el futuro en el proyecto del Metro, con la agravante de que si no se aumenta en la actualidad la oferta de energía eléctrica en la misma cuantía que demanda el Metro, además de no reducir a nivel global el efecto invernadero, contribuirá a aumentar los apagones por no usarse la fuente propia de dicho metro que también producen gas de efecto invernadero, como ha sucedido. Es probable que estemos bajo los efectos de los apagones en esta Feria del Libro con “metrotransporte”, el menos eficiente per cápita, de un solo vagón.¡Estos apagones ya lo sufrió la población ¡ Finalmente, como ejemplo de lo que se debe compensar por lo positivo a nivel global, y lo positivo a nivel local, es conveniente señalar el caso reseñado por el autor Diego Azqueta en su libro Introducción a la Economía Ambiental(2002), pag.351. Se refiere a los cálculos de los servicios de la selva amazónica realizado por otro autor en 1997, los cálculos arrojaron 24 mil millones de dólares como depósito de carbono capturado del dióxido de carbono atmosférico (reducción de CO2 atmosférico); y 7 mil millones de dólares por la contribución de la selva en la generación de lluvia. De estos dos servicios, se considera debe pagarse por el primero, por ser un servicio de beneficio global; del segundo, siendo menos, se considera que no debe pagarse por ser un servicio que beneficia a la productividad de la tierra de la zona amazónica, es un fenómeno local. Asimismo, los beneficios del impacto ambiental del Metro, si lo hubiera, serían como este último de la selva amazónica: beneficios locales. Ahora bien, es oportuno aclarar que no estamos del lado contrario ni nos oponemos a la obtención de bonos verdes; al contrario, somos partidarios, y nos gustaría que las autoridades tengan la capacidad de aprovechar, en beneficio del país y de la humanidad, el mecanismo de canje de deuda por naturaleza que ya funciona entre varias ONG y países desarrollados con países en desarrollo. El mecanismo no es complicado y, además es de fácil comprensión. Consiste en que una ONG compra parte de la deuda pública de un país en desarrollo en el mercado secundario, con un descuento muy significativo, y se lo entrega al gobierno deudor, lo cual reduce el monto de su deuda y el flujo de divisa al exterior, a cambio de algún compromiso ambiental. Entre estos compromisos están: protección de un área natural; inversión en educación ambiental; apoderar a una ONG local de la administración de un área protegida o la creación de nuevos parques naturales. Esta modalidad está en operación en varios países. Como lo anterior puede beneficiar al país deudor más que al emisor, debido a la revalorización de la deuda en el mercado secundario por el aumento de la demanda, otra alternativa puede ser el trato bilateral. En este caso el país que prestó condona o reduce la deuda a cambio de inversiones locales del país deudor en: educación, salud, reducción de la pobreza y reducción de la corrupción…, entre otros. Esto no excluye que se establezcan, también, compromisos ambientales, entre los cuales cabe (¿por qué no?) un verdadero Metro ecológico.

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